miércoles, 26 de noviembre de 2014

Reunión de Grupos de Ayuda Mutua

Este fin de semana hubo una reunión entre grupos de Ayuda Mutua de Andalucía y otras ciudades españolas en Sevilla. Al parecer ha sido un éxito. Al menos, mi pareja, ha salido muy contento de ella y habiendo aprendido mucho.
Personalmente, me gustaría saber que sucedió allí, pero hay que respetar la privacidad. Digo que me gustaría porque él salió como de una nube. Contento, tranquilo, reconfortado y agradecido. Me agradecía, después de 4 años, que estuviera allí y que siguiera con él a día de hoy. Es más, llegó a decir que sentía pena por mí, que se compadecía de mí por estar con un enfermo, por estar obligada a seguir una pautas, unas reglas, otra vida. La verdad es que estas pautas me molestaban al principio y ahora algunas veces, aunque si lo pienso fríamente no es algo que me impida estar con él, sólo es algo que puede hacer que discutamos y discutir no es algo malo.
Reconozco, malvada de mí, que hojeé por encima un par de cosas de un folleto que le dieron. Ojalá pudiera leerlo con detenimiento porque me dio la sensación de que se culpa demasiado a la sociedad, que no digo que ayude o que ponga las cosas fáciles, pero no sólo a ellos por padecer TAB, si no a todo el mundo y por cualquier razón. Todos sufrimos reveses y todos tenemos que luchar. Aquí el problema radica en querer o no "salir del armario" y aceptar el rechazo o la aprobación. Siempre nos podemos sorprender.
Y ahora, lo que más desearía es poder hablar con aquella granadina que tiene el grupo de ayuda mutua para familiares. Ojalá nos den clase a nosotros y así no me vería escribiendo en un blog sobre mis vivencias, mis trucos, lo que aprendo, lo que no debo hacer... me gustaría tener una guía, una amiga, un amigo... como ya os dije. Alguien que realmente sepa por lo que estoy pasando y pueda que ayudarme, comprenderme, escucharme. Porque vosotros, este blog, sois lo único que tengo.
Ojalá, cuando todas las piezas de mi vida encajen, cuando el puzzle esté terminado pueda centrarme en ser yo quien empiece un nuevo grupo de ayuda mutua familiares. Quizás entonces pueda moverme  y aprender de los expertos.
Mientras, os sigo recomendando encarecidamente que acudáis a estos grupos. Son lo mejor que os puede pasar y si no tenéis uno cerca, pedir ayuda y empezarlo vosotros.
Aquí un ejemplo para empezar:
http://www.activament.org/es/2014/04/03/guia-per-a-la-constitucio-i-gestio-de-grups-dajuda-mutua-en-salut-mental/

martes, 18 de noviembre de 2014

El grupo

Cada vez considero más importante los grupos de ayuda mutua que se están organizando por toda España. Este fin de semana se reúnen algunos de ellos en Sevilla. Él irá y me siento como una madre orgullosa de sus hijos. 
Recuerdo que la primera vez que pedí ayuda me echaron eso en cara, me dijeron que ser como una madre, considerarme una madre, tratar a los demás así es perjudicial para mí. Bueno, es uno de mis muchos defectos, que en este caso sirve para dos cosas: para cuidarle y para no romper con él.
Poco a poco me cuenta cosas sobre el grupo, pero sólo aquellas que no vulneran la confidencialidad de los demás, claro. Cuántos participantes son, quién le ha llamado, con quién irá a la reunión... Pero están fraguando una idea que me interesa mucho: convivencia entre enfermos y familiares, conocernos. No sé,  igual encuentro un amigo, alguien que está pasando por lo mismo que yo, alguien que me dé consejos, que me entienda...
Estaría bien encontrar un amigo que sí puede saber lo que sufres y no sólo intuirlo o imaginarlo o comprenderlo médicamente. Quizás algún día, algunos de los que me leéis deis un paso al frente y me sorprendáis con un: "Te entiendo" o quizás ninguno de los que me leéis sufrís lo mismo y en ese caso os digo yo: ENHORABUENA. Y recordad, no hay nada más importante que la salud, lo demás es secundario.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Desconocimiento

Has quedado con esa persona. Llegas 5mint tarde y no aparece. No pasa nada, te sientas esperas, pasas el tiempo mirando el móvil y cuando quieres darte cuenta ya ha pasado media hora. La llamas. No contesta. Bueno, se habrá olvidado el móvil o conducirá. Descartemos. Llamas al fijo: salió a su hora, ya tendría que haber llegado, el móvil lo llevaba consigo.
Shock.
No oyes nada más que tus latidos. La mente se queda en blanco. Tu propia sangre golpea cada poro de tu piel. ¿Dónde está? ¿Qué ha pasado?
Sabes que estaba raro, que la psiquiatra le ha dado cita antes de los 6 meses estipulados ¿será por algo? No es el primer caso en su familia, el otro caso acabó en suicidio. Así mueren la mayoría de los enfermos con TAB.
Comienzas a mirar a la carretera. Esperas ver su coche. No lo ves. Cada vez te exasperas más. El estómago se vacía de repente, sientes cada centímetro del mismo y toda la comida (escasa) se agolpa en tu garganta. Ya no ves, ya no sientes. No puedes respirar. Por tu mente pasa todo tipo de escenas grotescas, de formas de morir...
Suena el teléfono. Tiemblas aún más.
-¿Hola? ¿Hola? - no responde nadie, pero insistes. Hasta que de repente.
-¿Hola? ¿Dónde estás?- y respiras.
Las lágrimas comienzan a brotar. Te sientes más tranquilo. El estómago desaparece y es ahora un grito ahogado lo que se agolpa en tu garganta.
Todo vuelve a la calma. Los pensamientos negativos no tenían fundamento. Todo desaparece, pero... ¿hasta la próxima?

¿Cómo conseguís no pensar en cosas horribles cuando no podéis contactar con vuestro/a TAB?

martes, 4 de noviembre de 2014

Enamorada

Me encanta, no lo puedo evitar. Intento pensar fríamente que lo mejor para mí, lo más fácil, lo que más problemas me evitaría sería dejarlo, abandonarlo a su suerte y pensar en mí, ser egoísta, pero no puedo.
Cuando estoy a su lado y veo que le cambia el rostro, que soy ese soplo de aire fresco que necesita, esa rienda, ese freno... hace que me sienta útil y eso es algo que necesito. Sí, es un acto tan egoísta como el otro, pero éste me da impulso para continuar pese a los baches.
Me encanta. Me encanta estar tirada en el sofá y hablar con él, como si no pasara nada, como si no hubiera ninguna enfermedad entre nosotros. 
Me encanta, aunque llegue su desesperación y su afirmación de "No voy a tomar más pastillas. No voy a volver a tomar antidepresivos." Pero ahí estoy yo, con un "Si lo necesitas tendrás que hacerlo."
Me encanta cuando me mira con ojos de súplica y preocupación, con miedo, supongo que preguntándose qué haría yo si todo eso sucediera, si todo volviera a hundirse. Y le beso. Simplemente le beso. Un beso largo, tierno, dulce, lleno de amor... y me rindo. Le amo.
No es el hombre del que me enamoré, pero le amo. Y con eso me basta para continuar, luchar y seguir, pese a los baches, las recaídas, los hospitales... el desconocimiento.