martes, 4 de noviembre de 2014

Enamorada

Me encanta, no lo puedo evitar. Intento pensar fríamente que lo mejor para mí, lo más fácil, lo que más problemas me evitaría sería dejarlo, abandonarlo a su suerte y pensar en mí, ser egoísta, pero no puedo.
Cuando estoy a su lado y veo que le cambia el rostro, que soy ese soplo de aire fresco que necesita, esa rienda, ese freno... hace que me sienta útil y eso es algo que necesito. Sí, es un acto tan egoísta como el otro, pero éste me da impulso para continuar pese a los baches.
Me encanta. Me encanta estar tirada en el sofá y hablar con él, como si no pasara nada, como si no hubiera ninguna enfermedad entre nosotros. 
Me encanta, aunque llegue su desesperación y su afirmación de "No voy a tomar más pastillas. No voy a volver a tomar antidepresivos." Pero ahí estoy yo, con un "Si lo necesitas tendrás que hacerlo."
Me encanta cuando me mira con ojos de súplica y preocupación, con miedo, supongo que preguntándose qué haría yo si todo eso sucediera, si todo volviera a hundirse. Y le beso. Simplemente le beso. Un beso largo, tierno, dulce, lleno de amor... y me rindo. Le amo.
No es el hombre del que me enamoré, pero le amo. Y con eso me basta para continuar, luchar y seguir, pese a los baches, las recaídas, los hospitales... el desconocimiento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario